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Siguiendo esa misma línea, parafraseando a Blanco (2010), las responsabilidades y
labores de los directivos se han centrado a lo largo de la historia en lograr los objetivos
de las empresas, pues han conceptualizado la función gerencial como la creación de un
conjunto de metas vinculadas con diversos actores y áreas clave dentro de la empresa que
parten de la premisa de que al establecer metas que satisfagan a todos los participantes y
áreas de la organización, y al implementar sistemas de control adecuados, como
indicadores y metas, se podrá llevar a cabo con éxito la consecución de dichos objetivos.
Es posible que por esta razón los conocidos indicadores y metas SMART hayan cobrado
relevancia en la actualidad. Puesto que estas herramientas, que se refieren a objetivos
Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con un Tiempo definido, son
fundamentales para evaluar y controlar las estrategias empresariales. Además, durante el
proceso de retroalimentación, pueden servir como punto de partida para mejorar y ajustar
las acciones llevadas a cabo.
Por otra parte, resulta fundamental para las empresas integrar de forma sistemática en sus
procedimientos de evaluación y supervisión de estrategias la implementación de un
proceso continuo de retroalimentación y análisis de los indicadores de desempeño. Este
proceso debe involucrar activamente a todos los principales interesados para asegurar que
los indicadores se ajusten adecuadamente a los cambios y requerimientos emergentes del
entorno empresarial (Sarmiento, 2024).
En síntesis, la retroalimentación de los resultados en los procesos de Control y Evaluación
de Estrategias empresariales es fundamental para el crecimiento y la mejora continua
dentro de una organización. Pues como mencionan Darias et al. (2010) el proceso de
retroalimentación contribuye a mejorar la productividad, el rendimiento y la motivación
de los trabajadores, lo que a su vez tiene un impacto positivo en los resultados
empresariales. Al mismo tiempo, al adoptar la retroalimentación y ajustar las estrategias
en función de ella, las empresas pueden crear una cultura de aprendizaje que les permita
prosperar en un entorno empresarial dinámico y competitivo.
En conjunto con el seguimiento y control de la estrategia empresarial, la retroalimentación
se convierte en un elemento clave para evaluar y mejorar el desempeño de la organización
en su conjunto.