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1. Introducción
El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) encuentra sus raíces en el Diseño
Universal (DU), un concepto acuñado en la década de los 80, inicialmente aplicado en la
arquitectura y que se centró en la creación de productos y entornos que puedan ser
utilizados por todas las personas, en la mayor medida posible, sin necesidad de adaptación
o diseño especializado (Bremer et al., 2002). La lógica de accesibilidad del DU se
extendió al ámbito educativo, dando origen al DUA con el objetivo de fomentar la
inclusión en las aulas. Este enfoque se asienta en tres principios fundamentales:
flexibilizar el abordaje del currículo, brindar accesibilidad a todos los estudiantes y
mejorar las experiencias de aprendizaje (Sánchez Fuentes et al., 2016). El Centro
Nacional para el Diseño de Aprendizaje (CAST) lo define como un conjunto de principios
para desarrollar el currículo que "proporcione a todos los estudiantes igualdad de
oportunidades para aprender" (Alba, 2012, p. 2). Esto se logra mediante la oferta de
múltiples formas de motivación, múltiples formas de percepción, de acción y expresión,
con el fin último de dar respuesta educativa, brindar oportunidades de aprendizaje y
minimizar barreras para la totalidad de los estudiantes (Campos et al., 2018).
En la República Argentina, el DUA se ha integrado en marcos normativos y
documentos pedagógicos relevantes. Está mencionado en el Diseño Curricular de
Educación primaria de la Provincia de Buenos Aires y, crucialmente, forma parte de la
guía Fundamentos y Prácticas para la Inclusión, publicada por el Ministerio de Educación
de la Nación en 2019 y vigente como fuente de consulta. Dicho documento subraya el
papel fundamental de la escuela para evitar que "las diferencias de cualquier tipo se
conviertan en desigualdades educativas y por esa vía en desigualdades sociales,
produciéndose un círculo vicioso" (Ministerio de Educación, 2019, p. 22). En este
entramado, los actores institucionales, las políticas educativas y el contexto son
fundamentales para el desarrollo de acciones educativas que implementen enfoques
accesibles. Actuar y potenciar la inclusión en el aula como principio rector requiere un
compromiso por parte de los docentes y adultos en general, no solo hacia los estudiantes
con discapacidad, dificultades de aprendizaje, altas capacidades o características diversas
(cognitivas, étnico-culturales o socioeconómicas), sino con la singularidad de cada
alumno y con el grupo en su conjunto. Si bien asumir este compromiso puede generar